De blanco y negro nada

Nuestra cultura visual es literal. Muy literal. Cuando representamos una escultura de la Grecia clásica, la representamos en mármol blanco o piedra caliza, porque así es como vemos las que han llegado hasta nuestros días. Sabemos que se construyeron policromadas y tenemos una idea bastante clara de qué pigmentos se usaron, pero lo que entra por nuestros ojos es diferente, y al final es lo que queda. Tanto es así que a veces, cuando vemos una reconstrucción más acertada, nos resulta extraña, anacrónica.

Con el Cine Mudo también pasa esto. Pensamos en las primeras películas como una serie de imágenes en blanco y negro, y al hacerlo pasamos por alto no solo su acabado en color, si no el trabajo de muchísimas profesionales que trabajaban duro para dotar a las películas de tinte y tono.

Cientos de mujeres trabajando en los talleres de color de Pathé (Vincennes, Francia).

Esta técnica se popularizó porque podía ser producida en masa. Mediante el tinte, se conseguía sustituir el blanco del film por un color en particular. Por otro lado, el tono hacía lo propio con negro. La combinación de colores cambiaba a lo largo de una película y servía para dar contexto a cada escena. Por ejemplo, el tinte azul se usaba para dar a entender que la acción transcurre de noche, el amarillo para la luz del día, el rojo para enfatizar el peligro, el lavanda para el romance, el verde para la fantasía…

  • Cine Mudo - The Sea Hawks
  • Cine Mudo - The Cabinet of Dr Caligari
  • Cine Mudo - Haxan
  • Cine Mudo - The Jockey of Death
  • Cine Mudo - The Jockey of Death
  • Cine Mudo - The Cabinet of Dr Caligari
  • Cine Mudo - Burning Crucible
  • Cine Mudo - The Dragon Painter

Un porcentaje indecente de películas de esta época se ha perdido para siempre, pero hay gente apasionada que se dedica a la conservación y preservación, y gracias a ella podemos (por primera vez) disfrutar del color que una vez existió en el cine mudo.

Fuentes:

Escribe
  • Juan
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