Pensamientos espontáneos que se nos pasan por la cabeza, ideas que van cobrando fuerza a medida que se mueve el sector o nuevas formas de ver el medio.
Todos los Random29 de marzo de 2023 — Escribe: Marga
O al menos, de lo que yo pensaba antes de empezar a escribir este post. Y es que, generalmente, cuando pensamos en las figuras retóricas, las asociamos a la poesía y a la narrativa. Pero lo cierto es que los recursos estilísticos pueden aplicarse a prácticamente todas las formas de comunicación existentes, incluida la publicidad. Pueden aplicarse y se aplican, vamos.
Cada día vemos, leemos, oímos y obviamente, también transmitimos metáforas, metonimias o hipérboles: onomatopeyas como ‘aaaaargh’ para hacer ver que una situación nos espanta, o ‘hum’ para expresar duda; metáforas como ‘mi tiempo es oro’ para hacernos valEr ante otros, o ‘me armé de valor’ para… bueno, para lo mismo; y epítetos como ‘¡A tomar viento fresco!’ para mandar a alguien a un lugar mejor de forma elegante (y repetitiva), son algunos de los ejemplos que vemos y oímos a todas horas (he aquí una hipérbole).
Pero rebobinemos un momento… -Wait! ¿Si ya no tenemos cassettes ni cintas de vídeo, se sigue diciendo rebobinar?- para recordar que las figuras retóricas son formas no convencionales de emplear las palabras con el objeto de dotarlas de expresividad y belleza para sorprender, emocionar o persuadir.
Bien. Permitidme que use un onomatopéyico -Ehhhhhhh- aquí para incluir un apunte importante. Y es que estamos todo el rato refiriéndonos a ‘palabras’, cuando lo cierto es que lo retórico también se aplica a las imágenes. En el cine, por ejemplo, se usa constantemente: ‘El Acorazado Potemkin’ como alegoría del holocausto, la bolsa de plástico de ‘American Beauty’ como metáfora de la belleza de las pequeñas cosas, o la lluvia de ranas de ‘Magnolia’ como símbolo del perdón son algunos ejemplos de ello.
Pero vamos a pasar página, que nos ponemos intensas. Y lo vamos a hacer hablando, ahora sí, de publicidad. Y es que siendo como es la forma de comunicación persuasiva por excelencia, ¿cómo no iba a echar mano a los recursos estilísticos a la hora de confeccionar mensajes?
Además, es que en publicidad las figuras retóricas se aplican de todas las formas imaginables: con palabras, sí, a través de, por ejemplo, un buen eslogan o un buen claim pueden dejar huella en los pensamientos del consumidor. Pero también con imágenes, que se convierten en herramientas casi perfectas para apelar a sus emociones. En la publi, pues, palabras e imágenes se alían para aumentar el valor percibido de un producto o servicio, para hacer que parezca más personal.
Y es que si el objetivo principal de la publicidad es evocar al consumidor para que tome una determinada acción, ¿qué mejor llamada a la acción puede existir que la que nos invita, gentilmente, a ser parte de un mundo más apetecible que el nuestro?
Y lo hace mediante el uso de estas figuras retóricas. ¡Vamos allá!
La metáfora es la transferencia del significado de una cosa a otra, y de eso, en publicidad, tenemos a paletadas:
La muy andaluza exageración, vamos. Tiene lugar cuando se aumenta o disminuye de forma exagerada una característica significativa de un producto.
La metonimia consiste en designar una cosa con el nombre de otra con la que tiene una relación de presencia o cercanía. Por ejemplo: cuando usamos la palabra ‘rímel’ (marca) para decir ‘máscara de pestañas’.
O personificación, que no es más que la atribución cualidades propias de un ser racional o animado a otro inanimado.
Palabra que contiene sonidos que se asemejan a lo que significa. Se trata de un recurso muy usado, y muy efectivo, porque los sonidos son especialmente evocadores.
Repetición de sonidos que busca llamar la atención mediante la expresividad.
Unión de dos imágenes o sensaciones procedentes de diferentes dominios sensoriales. Se trata de un recurso estilístico muy utilizado porque, al apelar directamente a nuestros sentidos, es una herramienta muy efectiva a la hora de ‘llamar a la venta’.
Bueno, pues esperamos a que te abras tu refresquito -pssch- te lo sirvas, -bsbbsbsbsbsbs-, y le des un sorbo, -ahhhh- para despedirnos, no sin antes lanzarte un reto: ¿a que ya o eres capaz de encontrar un solo anuncio en el que no se haya empleado un recurso literario?